26 de junio de 2007

¡Mierda! (con perdón)

No hay nada mejor que pisar una mierda de perro a las 8:30 de la mañana. Si, justo a esa hora, o a partir de esa hora, porque para mí es el momento de "no retorno".

En fin, digo que no hay nada mejor que esto por la cantidad de "caquitas" caninas que me encuentro de camino al coche todas las mañanas. Imagínense la estampa, parece una de esas pruebas de los programas del sábado por la tarde: tu cuerpo (que no tu mente) camina recién levantado, casi con los ojos pegados, con el sol cegando tu vista, la mente aturdida y el ánimo desanimado, esquivando y sorteando excrementos como colegial que juega a la rayuela o como Chiquito de la Calzada.

En tal estado, si pisas heces de perro a las 8:30 de la mañana no te queda otra que decir ¡me cago en tu sñdfñsdf asdñfajds!, deshacerte de los restos y buscarte las mañas para no manchar el coche porque no te da tiempo a volver a casa, cambiarte de calzado y llegar al trabajo a tu hora. Todo eso sin perder ni un solo segundo mientras caminas (ahora ya bien despierto) hacia el coche y rezas desesperadamente para que te encuentres con alguna bolsa del supermercado donde compras t
odos los fines de semana el whisky para el botelleo (que no botellón, que eso es una botella muy grande). ¡Ah, que alivio, me he encontrado tres! (de lo que se deduce que hace por lo menos un mes que no limpias el maletero).

Lo peor de todo es cuando has pisado la caca y no te has dado cuenta porque ésta no se ve. Un caso muy normal son las cacas de perro que se camuflan en el asfalto mojado y no son perceptibles ni por el color ni por el olor. ¡Qué hijas de la Gran Bretaña! Son las más peligrosas, pues el olor empieza a notarse no antes de recorrer un buen trecho montado ya en el coche y entrar
en el carril de aceleración de la autovía. Y ¿qué haces entonces? Bajas el volumen de la radio. Bajas el volumen, como si olieses por las orejas y necesitases silencio para tal acción, y realizas cuatro inspiraciones cortas (tipo sumiller). Las dos primeras son para catar el olor de la mierda, la tercera para identificarla y la cuarta para confirmar la mala noticia y anunciarte el palizón que va a suponer limpiar los restos de caca que estás esparciendo por el habitáculo y pedales.

Solo
a quienes nos ha pasado esto se nos puede ocurrir (vaya idea más tonta) llevar una bolsa para coger los excrementos de nuestra mascota (ahora no la tengo, pero la tuve) para arrojarla a la papelera más cercana y evitar un desagradable regalo por la acera a las 8:30 de la mañana.



Si quieren una simulación algo parecida a la realidad, pueden hacer CLIC en este enlace y pasar un rato ayudando a un joven a esquivar las cacas de la calle en patinete. Una tarea nada fácil.


1 comentario:

princesabacana dijo...

La verdad es que es asqueroso. Y no hablemos ya del momento en el que te enfrentas en casita al siguiente dilema: ¿cómo quito la caca del zapato? argh