1 de septiembre de 2007

Si está bueno seguro que es malo...

... porque lo que no mata engorda.

Ya saben lo que pasa. Cuando eres pequeño no puedes probar ciertas cosas porque si comes mucho "luego te duele la tripa", o "te caes y te haces daño", o "te pones sucio perdido y tu madre te mata". Cuando eres adolescente parece que arremetes contra todo eso que te han prohibido y aprovechas que tu cuerpo tiene un metabolismo acelerado para comerte todo lo que no te dejaron comer porque dolía la tripa (y además lo regamos con un buen whisky, con fundamento); haces todo eso que no te dejaron hacer por si te hacías daño y vives todo el día oyendo a tu madre que tu habitación es una pocilga.

Cuando ya eres adulto descubres que tus padres de alguna manera se vengan y parece que hubieran contratado a un médico que te cuenta que no puedes tomar de aquello, ni de aquello otro, ni de lo de más allá; y que deberías hacer más de esto y dejar de hacer aquello (porque tu mujer ya le ha tomado el relevo a tu madre y te sigue llamando cerdo, cual tradición familiar se tratara).

En fin, que todo lo que parece bueno, realmente es malo. Y para muestra, un botón que recogemos esta mañana en el El Mundo.es y que se publicó ayer:

La extraña enfermedad de las palomitas
Identificada la sustancia causante de un tipo de bronquiolitis

Pues el artículo en cuestión habla de una grave enfermedad que sufren casi una decena de trabajadores de una fábrica de palomitas para microondas. Los estudios realizados apuntaban a que el causante de esta dolencia pulmonar grave era "alguno de los ingredientes que se usan para condimentar estos preparados", el diacetil (preparado amarillento que mezclado con otros ingredientes produce un aromatizante sabor a mantequilla). La exposición, inhalación o manipulación de estos productos provoca lo que se ha llamado la "enfermedad de las palomitas".

¿Verdad que sí? ¿Verdad que se confirma nuestra teoría de que esas fantásticas palomitas que venden en el cine no podían ser buenas? Tarde o temprano, la leyenda de las palomitas amarillentas como el oro (y tan caras como él), tan aromáticas y estimulantes al olfato y a las glándulas salivares como el mejor de los bistec tendría que caer. Tarde o temprano nuestras madres se volverían a aliar con los científicos para vengarse y recordarnos que si está demasiado bueno, no tiene que ser tan bueno.

2 comentarios:

Priscila dijo...

Me recuerda a la enfermedad, llamada botulismo, que cogio una señora al haber tomado alcachofas en conserva.

Tiene narices que unas alcachofas te marquen de por vida.

Pablo dijo...

No sabía nada de lo de las alcachofas... con lo que me gustan a mí en conserva...