25 de noviembre de 2007

Decibelio arriba, decibelio abajo

Los jóvenes de la ciudad de Murcia, y los que nos desplazamos a ella para ir de fiesta, nos hemos encontrado con que la Concejalía de Urbanismo de esta ciudad ha cerrado tres bares ubicados en la zona de la Universidad y le ha retirado a otros tres la música. Todo, se entiende, por el exceso de ruido que generaban estos bares, vamos, por pasarse con los decibelios. Y es que dicha concejalía está en su obligación de proteger el derecho de los vecinos al descanso y, al mismo tiempo, conciliar éste con el derecho de los ciudadanos a divertirse.

Es un reto difícil cuando los lugares abiertos destinados al ocio nocturno están en pleno centro de la ciudad, y más aún en un lugar tan emblemático como el edificio del Campus de La Merced, en cuyas calles aledañas se sitúan un gran número de bares de copas, restaurantes y cafeterías que ven en los universitarios sus principales clientes.

En principio hay cosas que son fáciles de solventar. Por ejemplo el cierre de estos bares y las sanciones impuestas a otros no habría tenido lugar si los dueños de los mismos se hubieran preocupado de insonorizar convenientemente el local y acatar la ordenanza bajo la cual se le concedió la licencia. Situaciones como esta hicieron que se fuera al garete uno de los mejores locales de música electro de la Región de Murcia: Zulú.

Aunque también me pregunto si de la misma manera que Urbanismo manda inspectores para tomar medidas contra el exceso de ruido, Sanidad lo hace para controlar la salubridad del local y de lo que allí se sirve, pues en numeroras ocasiones los aseos dejan mucho que desear y el alcohol es de un garrafón tan genérico que se podría decir que utilizan el mismo para todo: ron, whisky, vodka o ginebra. Así que no se extrañen las autoridades de que los jóvenes hagan "botelleos" (que es como se dice en Murcia), porque para pillarte una cogorza con alcohol del malo y encima pagar una pasta gansa por ello, para eso me lo compro en el Mercadona, que es "más sano" y me sale más barato.

Pero no nos desviemos del tema. Otra cosa es que se intente echar la culpa a los "taberneros" del ruido que genera la gente al circular por la calle, algo que ellos no pueden controlar. Aquí imagino que entrarán en juego las ordenanzas municipales en relación a la contaminación acústica, pero se me ocurre que la policía municipal tendrá cosas más importante que hacer que ir con el "chismófono" tomando registros de si tú hablas más fuerte de lo que marca la ley, etc. En una conversación con un volumen de voz normal nuestras cuerdas vocales emiten sonidos que oscilan entre los 50 y los 60 db. Si multiplicamos 50 db por toda la gente que sale más o menos alegre de un bar y mantiene una conversación en la calle, nos sale un motón de decibelios que, obviamente no van a dejar dormir a los vecinos.

La solución podría ser múltiple:

  • Que los vecinos se larguen a vivir a otro sitio.
  • Que los vecinos instalen ventanas con sistema de insonorización.
  • Que se quejen enérgicamente para que la policía haga guardia allí.
  • O que se unan a la fiesta.
Bueno, realmente nos falta poner la de la presunción de civismo y educación del resto de los ciudadanos, usuarios de estos locales de "perversión nocturna" (también los hay diurnos, todos conocemos alguno). Pero esto, hasta que no se quede claro si la asignatura de Educación para la Ciudadanía se imparte en los centro de enseñanza o en la casa de cada uno, me parece a mí no que no va a ser posible.

En fin, me voy a quejarme por el sonido de las campanas del ayuntamiento de mi pueblo. ¿O es que acaso no tengo derecho a descansar después de una noche de juerga?

Foto 1 extraída de la edición digital de La Verdad.es

1 de noviembre de 2007

Coca-cola, hamburguesas, Windows y ahora Halloween

Me gustaría saber cuándo una tradición española va a invadir la cultura estadounidense. Porque hasta ahora, lo único que hemos hecho ha sido ser receptores de neo-tradiciones y productos de los innovadores Estados Unidos. Desde hace un tiempo comemos hamburguesas (lo que antes era un bistec ruso), bebemos coca-cola y trabajamos con Windows. Pero recientemente podemos ver como la fiesta de Halloween invade nuestras calles con esqueletos, brujas, muertos vivientes, monstruos, etc., que piden "truco o trato" ante los ojos incrédulos de los vecinos que, obviamente, no tienen ni idea de lo que tienen que hacer.

Según la Wikipedia, Halloween es una fiesta proveniente de la cultura céltica que se celebra principalmente en Estados Unidos la víspera del Día de Todos los Santos, en la noche del día 31 de octubre. Los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian la frase "Truco o trato" o "Dulce o truco" (proveniente de la expresión inglesa "trick or treat"). Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos o espuma de afeitar contra la puerta.

Esta fiesta es de origen celta y fue exportada a USA por emigrantes europeos en el siglo XIX y se ha popularizado en gran parte de los países del mundo occidental gracias al cine americano.

La Iglesia Católica solapó en el 835 la fiesta de Todos los Santos
(tradicionalmente celebrada en mayo) y el Día de Difuntos en el 988 con las fiestas del 1 y 2 de noviembre, respectivamente, de origen celta y que celebraban el inicio de un nuevo año con una fiesta dedicada a los héroes y otra a los muertos con grandes ceremonias rituales.

Está bien conocer costumbres de otros pueblos, de aprovecharse de los conocimientos de otras culturas para aplicarlas a nuestra vida cotidiana, pero cuando se pone en peligro nuestras costumbres, cuando se amenazan nuestras fiestas con la invasión de fiestas foráneas debemos saber poner el freno, pues nuestra cultura, nuestro folklore, nuestras tradiciones corren el peligro de desaparecer y con ellas nuestra identidad como pueblo.

Así, pues, en nuestro país es tradicional representar el Don Juan Tenorio, obra de Tirso de Molina donde se conjuga la vida y la muerte y cuyo protagonista no duda en ir al cementerio la noche de Todos los Santos para conjurar las almas de quienes habían sido víctimas de su espada y deseos.

Sea como sea que ustedes celebren estas fechas, pásenlo bien y cuidado, por si acaso.