16 de junio de 2008

Un año juntos

Aunque no puedo escribir mucho en estos últimos meses, por cuestiones varias, y aunque tarde, he querido acercarme un poco a este mi blog para dedicar esta entrada a todos los que me han visitado durante el primer año de vida de ¡¡¿Y hoy qué pongo?!!.

Espero retomar pronto el hábito de escribir un poco cada día, la ilusión aún la tengo. Hasta entonces, muchas gracias de nuevo.

1 de junio de 2008

Podría ser de otra forma

Ojeando esta mañana las noticias meneadas me he encontrado con un titular que me ha llamado la atención. La noticia en sí la reproduzco más abajo tal cual la escribe el corresponsal en Bruselas del ABC, y viene a contar la insólita decisión de la tripulación de un avión de trasladar de un sillón a otro a un pasajero porque una mujer musulmana se niega a estar sentada a su lado, por temor a ser rozada por él (el islam prohíbe a las mujeres que tengan contacto con otros hombres que no sean de su propia familia). Entiendo que pueda sorprender; la azafata tendría que haber cambiado de asiento a la pasajera, en vez de molestar a este señor. Pero, visto donde fue reubicado el hombre... en fin, veremos donde acaba todo esto.

Extraído de ABC.es
«Ventana, pasillo o musulmán practicante»

Lex Van Drooge es un político democristiano, concejal en el ayuntamiento de Amsterdam, que regresaba hace dos semanas a Holanda después de un viaje de trabajo a Estambul. Cuando ya estaba en el asiento que se le había asignado fue requerido para cambiarse de lugar, según supo después porque la pasajera a la que le había correspondido el asiento de al lado dijo ser musulmana practicante lo que le impedía ser tocada por un hombre que no fuera su marido o un miembro de su familia.
«El asunto se desarrolló dentro del avión sin ningún escándalo, pero creo que demuestra que nos estamos equivocando con esta actitud» frente al extremismo, decía ayer en conversación telefónica al recordar el asunto, que ha reproducido toda la prensa holandesa.
Van Drooge cuenta que cuando llegó al avión vio a una pasajera «cubierta con el pañuelo tradicional» en el asiento central de una fila de tres. «Le pedí que me dejase pasar para sentarme en la ventanilla. Se levantó, me senté y me puse a leer como si nada» cuenta el concejal. Cuando faltaba poco para despegar, se dio cuenta de que la mujer no había regresado y que por el contrario, una azafata le pedía «que aceptase ser cambiado de asiento, para lo que me ofreció un puesto en primera clase, lo que acepté, naturalmente». Su malestar empezó cuando la misma azafata, de la compañía holandesa KLM, le explicó las razones por las que le habían tenido que cambiar de sitio.
«Creo que no tiene sentido, porque el avión es un transporte público y cuando uno acepta ir en transporte público no puede presuponer que no vaya a tener ningún contacto con los demás pasajeros». El problema, a su entender «es que cuando se alegan razones religiosas para cosas que normalmente nos parecerían extravagantes, tenemos miedo de que crean que nos comportamos con rudeza, lo cual es un error».
Hasta ahora, muchas líneas aéreas incluyen una advertencia de que no contiene carne de cerdo en los menús de los vuelos con destino a países de población musulmana, pero hasta ahora no se habían conocido impedimentos de este tipo para las mujeres que viajen solas y quieran llevar al extremo los preceptos islámicos.
«Creo que criticar esto no es ser antimusulmán» dice este concejal, que en su propio país, Holanda, conoce bien este debate sobre la convivencia de los musulmanes con los usos de la sociedad occidental. En cuanto a la mujer que provocó este incidente, siguió viaje desde Amsterdam con destino desconocido.