17 de julio de 2008

Operación triunfo: una ilusión

El diario 20 minutos publica hoy en su edición digital de Valencia una entrevista al grupo de pop (disfrazado de rock) Pereza, con un titular tal que así:

Pereza: "Operación Triunfo es una fábrica de mierda, un negocio y una mentira"

La verdad es que si leemos solo el titular puede parecernos que los madrileños Rubén y Leiva acaban de ser expulsados de la "academia" y que un arranque de indignación les lleva a realizar tales declaraciones.


Nada más lejos de la realidad (el titular cumple con su cometido: atraer al lector y punto). La verdad es que es la única pregunta que le hacen al grupo sobre este programa televisivo que busca lanzar al estrellato (otros se estrellan) a un aspirante a cantante, y no tiene mucho sentido que sea el titular de la entrevista, pero bueno.

El caso es que, de cualquier manera, los Pereza tienen razón. O.T. se ha convertido en un Gran Hermano donde las pruebas de supervivencia son musicales. El programa presta más atención a los aspectos personales de la vida de los chavales que a los musicales. Para colmo, la gente también ha dejado de votar al intérprete o músico que se presenta ante la pantalla para apoyar a su personaje favorito. Y si hablamos de personajes, por supuesto, no nos podemos olvidar de Risto Mejide, que piensa que ser exigente, profesional y "sobrao" de experiencia en el mundillo del espectáculo le permite ser desagradable, descortés y maleducado en su forma de dirigirse a los concursantes e incluso a los mismos miembros del jurado en sus valoraciones. Un señor de esta calaña no debería pisar un plató de televisión en tanto en cuanto humilla y falta al honor de las personas que está concursando en el programa (sean más o menos merecederas del elogio por su trabajo).

Desde luego, si hechamos una vista atrás y buscamos dónde están todos los cantantes que salieron de este programa, estoy seguro que solo podríais decirme cuatro (que todo el mundo saben quienes son) y que precisamente no se destacan por ser músicos, sino más bien intérpretes; máquinas de hacer dinero a las que hay que explotar mientras duren; productos a los que debemos sacarle el rendimiento.

Si las intenciones de este programa fueron las de dar la oportunidad de triunfar a unos chavales, está claro que se ha demostrado lo contrario y que ha puesto ha puesto al descubierto la auténtica cara de la industria discográfica, que lejos de ser mecenas de los músicos, son brokers que se deshacen de ti cuando ya no interesas.

Con esto, se está produciendo una devaluación de la música; la gente ya no aprecia el arte que hay en la composición de una canción, porque cuando las cosas se hacen como churros no puede haber calidad. Una buena canción es como un buen vino: necesita ser fermentada y madurada durante un tiempo hasta su grabación. La gente se da cuenta de esto.
Y si quieren, hagan una prueba, sigan a la carrera de los finalistas, a ver qué es de ellos.

Imagino que no la faltará mucho a este programa para acabar... por fin podremos descansar.

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