4 de enero de 2009

Reactivando economías

No soy economista. Digo esto porque me voy a atrever a "criticar" (aunque la palabra exacta sería comentar) la solución que nos proponen para "reactivar la Economía": consumir.

A mí me choca que para que salgamos de la crisis tengamos que hacer sangrar la "economía doméstica" comprando como si nada en este mercado de vendedores de sonrisa falsa y productos de "funciona perfectamente; no le aceptamos el cambio".

Sí. Parece que la culpa de que los parqués financieros se derrumben como castillos de arena lo tienen los consumidores, que no supieron ahorrar en tiempos de bonanza para éstos de vacas flacas. Y digo yo: ¿ahorrar qué y cómo?

El momento que nos tocó vivir era el momento que nos tocaba vivir: jóvenes en edad de emancipación, con trabajo de sueldo tímido y con el director del banco esperándole con los brazos abiertos en la puerta de la sucursal. Eran tiempos de "vamos hombre, que la semana que viene subirá un millón más" (los pisos se vendían en pesetas, porque en euros nos costaba calcular), de cenas en restaurantes, de complementos espectaculares en no sé que tienda de D&G y coches que puedo pagar porque el euríbor está bajo.

¿Quién entonces (como lo contrario ahora) dijo: ahorrad?

Comprad -nos dicen- y saciad vuestra sed de consumo desmedido en tiendas de tecnología de usar y tirar, ropa de temporada y perfumes que te harán sentirte más guapo. Intercambiar vuestro dinero por cosas que creáis necesitar. Reactivaremos la Economía exprimiendo hasta el último céntimo de la vuestra. Porque yo, alto mandatario de gobiernos, dueño de bancos, constructoras, empresas, presidente de foros monetarios internacionales, dirigente de sindicatos no supe velar por la ECONOMÍA por mi falta de previsión, mi codicia o mi descuido.

Deberíamos -y acabo ya- decir: no. Y no comprar más que lo justo y necesario. Que digan lo que quieran las empresas, constructoras, bancos, economías, gobiernos o sindicatos, pero nosotros deberíamos plantarnos y decir no. Porque con sueldos míseros, productos caros, ropa de usar y tirar y el monstruo de la hipoteca en el portal de casa no se puede consumir.

De lo contrario, la crisis hará más rico al rico, y más pobres a los pobres.

1 comentario:

María D. dijo...

Es agosto, en una pequeña ciudad de costa, en plena temporada; cae una lluvia torrencial hace varios días, la ciudad parece desierta.

Todos tienen deudas y viven a base de créditos. Por fortuna, llega un ruso forrado y entra en un pequeño hotel con encanto. Pide una habitación.

Pone un billete de 100€ en la mesa del recepcionista y se va a ver las habitaciones.

El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.

Este coge el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos.

A su turno éste se da prisa a pagar lo que le debe al proveedor de pienso para animales.

El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito.

La prostituta coge el billete y sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado. Entrega el billete de 100€ al dueño del hotel, y liquida sus deudas.

En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete que había dado antes, y se va de la ciudad.

Nadie ha ganado un duro, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza!

MORALEJA: SI EL DINERO CIRCULA SE ACABA LA CRISIS