28 de marzo de 2009

Nada en particular

Llevo un tiempo rumiando este pensamiento. Parece que de vueltas con la depresión económica regresan también los tiempos oscuros de la España negra. Y podemos ver, si no, las desapariciones de niños, los asesinatos y violaciones de jóvenes, la aparente frialdad de asesinos cuchillo en mano... Creo que un reflejo de que la depresión es más que económica.

La televisión también se llena con programas que hurgan en estos temas haciendo del sensacionalismo su estrategia para sacar una buena caja. Y así, ni se respetan los horarios infantiles, ni la moral en los espacios televisivos que entrevistan a menores sobre hechos desgraciados, ni los padres de estos parecen ver más allá del dinero de la exclusiva.

Mientras, en lo más alto y serio de la actualidad, los escándalos de corrupción en aquel u otro partido, la cada vez más evidente incapacidad de capear una crisis de "padre y muy señor mío" y las ganas de gobernar por encima de todo en tierras vascas ocupan a nuestros gestores gubernamentales.

Con cierta preocupación miro las noticias nacionales e internacionales y me pregunto si no habrá llegado ya el momento de poner un punto y aparte en el carácter de gobernar de los elegidos por el pueblo y una bofetada a quienes se creen elegidos por Dios. Me asalta la duda de si debería ser "El Pueblo" el que escarmentara, más allá de las urnas, a nuestros representantes políticos, que no han de ser nuestros gobernantes sino, antes bien, nuestros sirvientes.

Gritemos contra la crisis, contra los politicuchos vestidos de Prada, contra sus coches de lujo, sus casas de 1000 metros cuadrados. Gritemos para callar las salidas por la tangente tan habituales cuando no se sabe qué decir o las parrafadas que no dicen nada cuando no se tienen argumentos para contestar.

Acabemos ya con todo esto. Busquemos a gente para la que no sea un problema conseguir acuerdos en el consenso que aporten soluciones para dirigir a nuestro país hacia el lugar que se merece en el mundo: pactos por la educación, por la mejora de la sanidad, de las relaciones internacionales, en pro de la investigación, del desarrollo sostenible; consensos para dar esperanza a quienes se levantan a las 6 de la mañana cada día y sufren los atascos, para aquellos que miden con exactitud milimétrica los gastos que pueden soportar en el mes, para dar un futuro a los jóvenes que buscan su primer empleo o su primer hogar, para los niños que no saben para qué estudiar, los viejecicos que tanto han luchado por sobrevivir.

Aprovechemos estos tiempos de cambio para cambiar todo y nada en particular.

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