20 de junio de 2009

Electroadolescentes

Hace unos días, estuve hablando con un compañero del gimnasio recién llegado a la mayoría de edad, que me comentaba sus avatares y amoríos con una chavala de un pueblo que, hay que decirlo, está "un Tajo lejos" del pueblo donde vivimos. Metidos en la conversación, me enseñó, (hizo aparecer en la pantalla de su móvil) la fotografía de la chavala en cuestión (muy guapa, por cierto) en pose de modelo del Vogue (vestida, no se hagan ilusiones) y autorretratándose con la cámara de su teléfono móvil frente al espejo del baño (quién se lo iba a decir a papá).

La historia no tiene nada de particular: él me comenta que se enrolló con ella hace menos de un año, cuando tenía novio, y ahora que ya no lo tiene parece que se ha acordado de él y, después de meses, le envió por mensaje esa foto. Por supuesto, él, sin dudarlo, respondió al mensaje (quién no, ante tal bellezón y con esa iniciativa) y después de un rato acabó por enviarle un autorretrato suyo, de torso desnudo (que para eso va al gimnasio) frente al espejo del baño (escenario favorito de los adolescentes del siglo XXI para hacerse una foto a sí mismos).

Es inevitable hablar de una revolución en la manera de comunicación de las personas, y en concreto de los adolescentes y jóvenes. Internet y la telefonía móvil, a la que se le adosa cada vez nuevas herramientas y utilidades, han puesto un punto y aparte en la manera en la que el ser humano se relaciona. Por así decirlo, a eliminado las fronteras y resuelto los problemas del aquí y ahora.

La única pega que le veo es el uso que nuestros chavales pueden hacer de estos medios de comunicación en constante evolución y mejora. Está bien que los usen, y que aprendan a sacarles provecho, pero no sin un control de padres y madres al respecto. Porque resulta que un día, tu hija puede llegar a tu salón, llorando, rota, para decirte que “quiere morirse porque un “hijoputa” se ha infiltrado en el ordenador portátil que le regalasteis por suspender solo cuatro en Navidad y le ha robado las direcciones de sus amigos y sus conversaciones por el Messenger. Y creo que también las fotos y los vídeos” Entonces tú preguntarás “¿qué fotos y qué videos” temiendo su respuesta: “Pues unas fotos que me tomé en el baño y unos vídeos que le mandé al Juande (su noviete de 17 años), cuando estaba con la pierna rota sin poder salir de casa”.

Este caso, que es ficción, de vez en cuando se torna realidad, como publica en esta noticia El País.com. Nuestros adolescentes comparten detalles de su vida privada sin pensar en sus consecuencias. Messenger, Facebook, Tuenti, o la telefonía móvil, sin ir más lejos, son caminos mediante los cuales una niña o un niño pueden complicarse la vida si no se andan con cuidado.

Son nuestros adolescentes, nuestros electroadolescentes: jóvenes superconectados, usuarios de un ordenador o un gadget, en el que invierten una cuarta parte de su día compartiendo información sin control.

Lo creas o no, tú, padre, tío, hermano, primo, amigo, tienes mcuho que decir en todo esto.

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