29 de octubre de 2009

Ángela X Raúl

Me había levantado hoy con ánimo de escribir sobre otro tema, pero al llegar al coche me he llevado una inesperada sorpresa que me ha hecho cambiar de opinión.

Sobre el polvoriento capó de mi humilde utilitario, el cual ya reclama una limpieza, lo sé, he descubierto una “romántica” inscripción encerrada en un corazón, hecha posiblemente llave en mano, que decía: Ángela X Raúl. Consciente de que se hacía tarde y sin dejar que la situación mañanera me ofuscara, me he metido rápidamente en el interior de mi vehículo para conducir hasta mi lugar de trabajo y aprovechar, así, el tiempo del trayecto para meditar sobre el asunto.

He pensado que el romanticismo hace tiempo que se empezó a perder entre los más jóvenes, quienes han transformado las relaciones amorosas en relaciones experimentales, frías, interesadas, digitales. Véase, por ejemplo, él uso del lenguaje matemático en las declaraciones de “amor adolescente” que se realizan en la actualidad. El signo “por” ( X ), propio de la multiplicación sustituyendo a la conjunción “y”. Hay una clara diferencia entre X e y. El signo “por” viene a ser un sustituto de “está por”, que a su vez significa “le gusta”. El signo “X” expresa, pues, unidirecionalidad, deseo. No así la conjunción “y”, que une a los dos nombres, que expresa una bidireccionalidad, un tenerse en cuenta el uno al otro, en definitiva, una idea de amor sincero y recíproco.

El soporte, el canal de transmisión del mensaje también ha variado. La leyenda “Ángela X Raúl”, no hace mucho tiempo, hubiera sido tallada en el tronco de un robusto árbol solitario, fuerte, alto, anciano testigo y recuerdo imborrable de aquella declaración de amor que años después os encontraríais y que haría humedecer vuestros ojos de emoción al recordar aquel momento (¿te acuerdas?), y que sellaríais con un largo beso colmado de amor. Sin embargo, Ángela, o Raúl, debieron pensar que el capó de un coche sería el lugar idóneo para custodiar y expresar su relación, pues qué mejor medio que un vehículo para divulgar a los cuatro puntos cardinales el mensaje, su mensaje: que “Ángela está por Raúl”. Y de los 6000 coches que puede haber en mi pueblo eligieron el mío, un sencillo Seat Ibiza negro, cuyo dueño tardó cinco años en pagar y que, a pesar de dormir en garaje, ha sufrido los roces de otros vehículos, los picados de puertas en parkings, el ametrallamiento de los camiones que transportan cereales y el torpedeo de un balón; el envite de las columnas del Mercadona o de coches mal aparcados, los arañazos de la maleza, las firmas en sus puertas de los vecinos, las frustraciones de los cabreados por sus malas notas, las angustias de aquellos que solo necesitaban el espejo del retrovisor izquierdo o los tapones de las cuatro ruedas.

Cuando he llegado a mi trabajo, me he dado cuenta de que parecía que Ángela o Raúl no estuvieran muy seguros de lo que habían hecho. Restos de saliva repasaban sus nombres, en un intento, quizás, de hacer más discreta o invisible su “expresión de amor”, casi, casi como un mensaje secreto.

Era la hora de entrar al curro. No tenía tiempo de más, salvo para un último pensamiento:

“Ángela, Raúl:

La próxima vez meteos las llaves por el culo.”

4 comentarios:

Fuen Murcianica dijo...

que cabrones! como se nota que ellos ni pagan nada ni valoran nada de los que poseen gracias a otros.

ánimo y un besico

elTrasterico dijo...

la última frase!!, esa es la que esperaba antes de las reflexiones, por otro lado, muy buenas jaja

Pablo Alcolea dijo...

Si es que no gano para disgustos... con lo fácil que es respetar las propiedades ajenas...

Saludos Fuen y Antonio.

Alberto dijo...

Pablo, en su momento no lo lei, acabo de hacerlo ahora
....lo siento pero me salio una sonrisa, yo llevo una semana de golpes con el coche que vamos...