9 de enero de 2010

Continuando con el post anterior

Iba a contestar el comentario que hacía en el post anterior mi amigo Azid Phreak , coautor del blog “El Rincón de los Niños Perdidos” (por favor, no pueden cerrar su navegador de internet sin visitar este fantástico blog sobre cine). Sin embargo el café me ha despejado algo más la mente y aquí me encuentro, tecleando para todos ustedes.

Le contestaba (le contesto) al Mr. Phreak, persona de palabras exactas, que son los cantantes, precisamente, los que menos ganan con la venta de discos. Si no me equivoco, discográfica, productores e intermediarios se reparten realmente el pastel de las ganancias provenientes de la venta de discos. El porcentaje para autores e intérpretes es mínimo. Donde realmente hacen caja los cantantes es en los conciertos, donde no muchos, por cierto, dan el cayo (aquí se descubre el maquillaje que técnicos de sonido han de emplear en los estudios y que oculta la realidad). A los directores y productores de películas no les pasa tal cosa, sus ingresos dependen exclusivamente de la venta de entradas para las salas de cine y de la puesta en el mercado de las copias en DVD de sus creaciones.

Y como ven, todo este entramado ha empezado a complicarse con la llegada de internet, que ha revolucionado las telecomunicaciones del tal manera que, como alguien decía por ahí (no recuerdo bien si Enrique Dans o José Ramón Chaves), ni siquiera la mismísima Constitución española del 78 podría prever.

De la actual situación, podemos sacar varias conclusiones:

  • Que en verdad la SGAE tiene toda la razón: hay que proteger los derechos de los autores, quienes han hecho un trabajo y tiene que ser protegido del hurto.- Una persona que dedique dos años de su vida en escribir un libro, componer un disco, escribir un guión o rodar una película, pintar un cuadro… se dedica a hacer arte y a venderlo para poder vivir. En el caso de los pintores lo tienen “muy chungo”: hacen obras únicas, por eso se venden tan caras, y su cotización varía con el tiempo, a veces el precio lo pone el autor, otras veces, la mayoría, sus herederos o coleccionistas (que esperan a que el pintor esté bien muerto para hacerlo, claro). En el cine, la música o la literatura, uno paga un precio por disponer de una copia del “arte” de estas personas. Lo que pasa es que la mayoría de las veces el precio no se corresponde con la calidad de la obra y con la exclusividad de la misma. Quizás por eso, los consumidores se sienten algo estafados cuando pagan 8 € por una película mala, o 18 por un disco de una cantante que está donde está por sus tetas.
  • Que la producción de discos y películas dan trabajo a otras gremios.- Personas dedicadas al diseño, a la fotografía, al marketing y publicidad, a técnicos de imagen y sonido, a transportistas… Ahora también a informáticos.
  • Que copias de discos y películas siempre han existido. Todo el mundo ha recibido una copia en casete, o en cd, de ese disco que tenía el primo o el amigo que tanto le gustó y que tan amablemente aquel le proporcionó. Pero, sin embargo, nadie hacía negocio de ello, es más, era solo una manera de aguantar hasta que se tuviera “las pelas” suficientes para comprar el original.
  • Que la SGAE ha acusado a todo el mundo de cometer un delito contra la propiedad intelectual (o de ser un delincuente en potencia) por el cual ha de ser compensada.- Y he aquí que se extiende el famoso canon al resto de formatos digitales. Porque según la SGAE todo el mundo podría contener de forma ilegal una copia de una creación con derechos de autor en un dispositivo de almacenaje masivo.

    Así que, mandando a tomar viento (perdonen la expresión) el principio de presunción de inocencia, derecho fundamental para una adecuada práctica penal, por cierto, todos las personas que compramos un ordenador para hacer nuestras propias creaciones de documentos, música, libros; aquellos que compramos memorias en tarjeta para hacer nuestras fotos, nuestros vídeos, todas las personas que hemos hecho una adquisición de cds para salvaguardar de posibles catástrofes nuestros documentos informáticos le pagamos a la SGAE, queramos o no, una cuota por cada cd, dvd, disco duro, tarjeta de memoria, pen drive, mp3 o minidisc que adquiramos, a pesar de no cometer ningún delito.
  • Que nosotros pagamos la resistencia de discográficas y productoras a cambiar el sistema de distribución de sus productos.- Porque supone un riesgo (no sé si está calculado o no) que llevaría a tener pérdidas durante años. La descarga legal, tal cual se hace, por ejemplo en iTunes, ha demostrado ser efectiva, segura, más barata para el consumidor y más generadora de ingresos. Sin embargo, no a todo el mundo le gusta este formato, o dispone de una cuenta en estas plataformas, o quiere dejar datos, o tiene conexión a internet (la conexión más cara y lenta de toda la EU; ya hablaremos de eso). En fin, que entre unas cosas y otras, un disco en concreto de un grupo internacional cuesta una media de 7 € más en España que en USA. Para más inri, en Estados Unidos, webs como Amazon te permite la compra del disco en formato mp3, a una media de 10 € más barato de lo que aquí te puede costar una copia en cd.
  • Que la SGAE está exigiendo un trato de favor al pedir medidas urgentes tras la denuncia de supuestos delitos contra la propiedad intelectual.- D. José Ramón Chaves lo denuncia muy bien en un artículo titulado “Del intolerable parcheo de un reglamento ilegal contra las descargas ilegales”. Cito textualmente:

La propiedad intelectual no es una propiedad privilegiada respecto del resto de la propiedad clásica. No hay razones por las que el granjero al que le hurtan una vaca, se ve obligado a denunciar el hurto o a demandar civilmente al supuesto cuatrero, mientras que en cambio, un autor que sospeche que le están esquilmando en sus derechos podrá contar con una vía privilegiada para garantizarlo consistente en que la Administración hará el trabajo de forma gratuita y expeditiva.

En definitiva, como decía Mr. Phreak, aún nos podrían cobrar un canon directo al espectador por ir al cine, por escuchar música en el coche o por tararear una canción. Y como se diría en “El jovencito Frankestein”: “Podría ser peor. Podría llover”.

En esas estamos

Ea, que no lo digo yo, que lo argumentan personas más cualificadas como José Ramón Chaves García, a la sazón, juez de de lo Concencioso-Administrativo en ejercicio.

Así que, como yo no me hubiera podido explicar mejor, y sin ánimo de desvirtuar las explicaciones que se exponen en sus publicaciones, les invito a que lean el artículo y se den por enterados de lo que parece ser y es una estratagema para dar privilegios a ciudadanos y no ciudadanos de España con propiedad intelectual frente a aquellos con propiedad clásica.

Yo, por mi lado, regaré esta nota con un fragmento del especial Nochevieja de José Mota.

Ahí queda eso.