8 de junio de 2010

Hablando de otra cosa

Les iba a hablar de la crisis, pero como de eso ya hablan demasiado y mejor que yo todos los días les contaré una chorrada, que últimamente es lo único que sale por mi boca.

El viernes pasado regresé a casa después de una larga jornada de trabajo. Al salir de coche me di cuenta de que me había subido algo a la acera. Decidí en ese momento arrancar de nuevo el auto para dejarlo en mejor posición. Sin embargo, al girar la llave mi coche no arrancó. Entre el leve “cloc” que escuché y que en mi coche todo es electrónico (todo ese todo dejó de funcionar) yo no daba ya más de mí.

A las cuatro menos cuarto de la tarde, sin comer y con el sol murciano allá en lo alto, llamé a mi padre antes que a la grúa (esto es recomendable porque los padres siempre saben de todo). Entre los dos comprobamos que no se trataba de nada liviano, como un fusible o algo así y rezamos para que fuera cosa de la batería, pues nada electrónico funcionaba, ya saben.

Comprobamos con satisfacción y con la inestimable ayuda de 115 € que la batería se había quedado “terminaíca”1, como nos dijo nuestro mecánico de confianza que vino a asistirnos in situ. Pero con el cambio de batería, la radio se ha quedado bloqueada y hay que insertar un código. Está bien esto, si te la roban no podrán hacer uso de ella porque no tienen el número secreto, es más, fíjense si es tan secreto que yo, que soy el propietario del coche ni siquiera tengo el número.

Durante el fin de semana y hasta el lunes, incluido, he tenido que funcionar con mi iPod como radio-cd (aunque se escuchaba bajito) y me ha dado tiempo a pensar; acostumbro a escuchar mucho la radio, así que se puede deducir que no pienso mucho (en el coche). Como el sábado el equipo del taller del concesionario tenía carácter de guardia, según me dijeron por teléfono,   no lo pude solucionar. Así que el lunes decidí ir hasta allí para que me solucionaran el problemilla (según los foros de internet en un momento, según los del taller en 25 minutos). Mas no pude siquiera meter el coche al taller. La chica de la recepción me dijo que eran las 18:50 y que ellos cerraban a las 19:00, y que como mucho los mecánicos se iban a las 19:10 h.

Con cara de “me he recorrido 22 km para nada, me he dejado cosas a medio hacer para esto y venga ya, no me lo creo”, me despedí de la recepcionista. De nuevo de camino a casa, y sin poder usar la radio, me dio por pensar que en mi trabajo tenemos que ser algo primos cuando nos quedamos hasta cuando sea necesario para acabar en el plazo estimado la tarea en cuestión (como en muchos trabajos) o atendiendo a las personas que recurren a nosotros aunque no sea en el horario establecido.

Y pensé también que, imagino, recibirán montones de visitas de última hora al cabo de la semana y que en algún momento han de poner el freno al asunto. Sin embargo, nunca se tiene que olvidar las circunstancias de la persona, porque en los negocios lo importante no debería ser la satisfacción del cliente, si no que en los negocios, como en la vida, lo importante ha de ser la persona.

Dedicado a los mecánicos, en cuyo trabajo ponemos cada mañana nuestras vidas.

1 Terminaíco: terminado, vacío, agotado, cansado.

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