13 de junio de 2010

Tu vida fuera de control

Google es sin duda una de las empresas que más han aportado en la mejora y en el desarrollo de la Red. Con el principio de “céntrate en el usuario. Lo demás vendrá más tarde”, este monstruo del ciberespacio ha marcado tendencias, obligado a sus competidores a invertir más en investigación e innovación para ofrecer a los internautas mayores y mejores servicios, soluciones que nos hagan la vida más fácil, que conviertan a internet en la herramienta perfecta para la vida…

Pero, ¿hasta qué punto esto es bueno? Google corre el peligroso de monopolizar internet, o lo que es lo mismo, de albergar en sus entrañas demasiada información: Gmail, Youtube, Picasa, Google Maps, Earth, Wikipedia, Google Noticias, Blogger, Google Books, iGoogle, Docs, Calendar, Google Wave, Chrome, Google Buzz, Android, ahora también Google TV… Realmente lo que estamos haciendo es poner en los servidores del gigante de California nuestra propia vida. Un móvil con sistema Android (muy intersante, por cierto) sincroniza automáticamente los contactos del mismo con la cuenta que el usuario tiene en Gmail, sincroniza el calendario del móvil con el de su cuenta en internet, con Facebook, con Twitter, dando mucha información a quien sepa o pueda hackear los sistemas “guglerianos”. Y ni siquiera hace falta eso: hoy en día, si te roban o pierdes un móvil de última generación lo que sucede es que estás vendido porque cualquiera puede saber de ti en unos minutos más de lo que tu propia madre ha tardado toda una vida. No hace falta ser muy listo, basta con unir algunos cabos.

Pasa lo mismo con las redes sociales tales como Facebo4592771553_095f1fe8eaok, Tuenti, Twitter, Hi5, Myspace o Youtube; incluso con las que pueden parecer menos peligrosas, como Flickr. El texto que regula las condiciones de privacidad es aceptado por el usuario a pies juntillas, sin pestañear y sin leer ni siquiera hasta la primera coma, algo que de hacerse asustaría a más de uno. En cuanto a las configuraciones de seguridad y privacidad de las cuentas ocurre básicamente lo mismo. La mayoría de los usuarios tocan apenas estos parámetros, abriendo puertas a cualquiera a su información personal. Si no, hagan la prueba. Tecleen su nombre en Google, el de su perfil de Facebook o de la red social que tengas, a ver qué les aparece. Seguramente, sino han ajustado bien las opciones que le indican quiénes pueden tener acceso a sus fotos, a su correos electrónicos, a sus fechas de nacimiento, a sus lugares de residencia y al de sus amigos, todo eso aparecerá publicado en los buscadores de internet. Y, díganme, si ustedes fueran una empresa en proceso de selección de personal, ¿contratarían a una persona que aparece fotografiado o filmado en actitudes poco presentables o irresponsables en internet, por ejemplo?

Es más, cada vez está más en discusión la auténtica privacidad de nuestros datos. De hecho, personas dedicadas al mundo del posicionamiento en internet y estudiosos de las redes sociales constatan que éstas venden datos sensibles a terceras empresas para que a su vez éstas puedan hacer negocio. Facebook, sin ir más lejos, ha sustituido el “Hazte fan” por el “Me gusta” que está conectado a una nueva aplicación (Open Graph) que recopilará más información, si cabe, sobre los hábitos en internet que pueden ser de mucha utilidad para las empresas que deseen disparar publicidad segmentada a sus posibles consumidores.

Y por si esto no fuera poco, no hace mucho advertí entre la bandeja del correo spam de mi buzón electrónico un intento de phishing, de estafa, que pretendía hacerse con mi login y password de una supuesta cuenta en Facebook. Nos han alertado mucho sobre el robo de claves de cuentas bancarias pero no han alertado nada sobre los intentos del robo de claves de cuentas de redes sociales; algo peligroso para los más jóvenes, quienes no tienen definido todavía el peligro que supone todo esto. Imaginen lo que los estafadores podrían hacer con toda la información privada que las personas vierten en los perfiles de las redes sociales.

Nuestros adolescentes son las grandes víctimas de todo esto. En un reciente estudio publicado en 2009 por el Instituto Nacional de Estadística de España, el 54 % de los hogares españoles disponían de conexión a internet, pero el porcentaje de niños y adolescentes en edad escolar que afirmaban navegar por la red era del 85,1 %. Y estos niños y adolescentes se fotografían y filman, comparten por correo electrónico o cuelgan en la red información de carácter privado sobre lo que hace, dónde viven, con quién van, imágenes suyas o de otros amigos que, aún siendo políticamente correctas, son constitutivas de peligro. ¿Y quién controla lo que hace mi hijo con la cámara del móvil que le regalé por su duodécimo cumpleaños, con el ordenador que le compré por su decimoquinto cumpleaños, con la cámara de fotos digital que le trajeron los Reyes de Oriente, con la webcam que le regaló su tía que vive en Cantabria por su decimosexto aniversario, con el nuevo móvil táctil que le compré por aprobar la segunda evaluación?

Así pues, y para concluir, deberíamos hacer una reflexión sobre hasta qué punto es posible llegar sin violar las leyes que protegen la vida de los ciudadanos en cualquiera de los ámbitos de la misma; y si fuera preciso, deberíamos instar a los Gobiernos a promulgar decretos que blinden aún más el derecho inalienable del ser humano a la intimidad, el derecho al control de su propia vida, a no ser que a los Gobiernos no les interese…

Fotografía: “Redes”. Autor: Pablo Alcolea

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