26 de abril de 2011

Adiós a la máquina de escribir

No sé si habrá pasado desapercibido a la prensa española, pero el motivo por el que escribo esta entrada tiene parte de actualidad y parte de nostalgia. Ha sido esta última la que me ha hecho sonreír en la intimidad de estas cuatro paredes, frente a la pantalla del ordenador.

Para mayor gloria ha quedado la industria de las máquinas de escribir. Lo expresa muy bien el titular del Daily Mail Online:

The end of the line: Last typewriter factory left in the world closes its doors

Hoy se ha cerrado en Bombay (India)la última fábrica de máquinas de escribir del mundo. Al saber de esta noticia me han visitado recuerdos, imágenes, momentos muy agradables de un niño de nueve años que aprendía, sin saber, toqueteando la viejaOlivetti Olivetti azul de su padre, escribiendo cartas a sus primos con sus deditos cortos, jugando al escondite con las letras de las teclas que había que pisar.

Casi puedo sentir el papel, el finísimo papel que introducía en el rodillo en los primeros tiempos; casi sentir cómo oía aquella máquina, casi puedo ver como si estuviera allí otra vez el mecanismo que golpeaba la cinta de color negro mediante la cual se estampaba cada letra.

Muchos momentos de silencio roto por la campanilla que anunciaba el final de la línea he pasado junto a este invento. Cuando era niño, las clases de mecanografía era una de las actividades extraescolares más populares que habían. Yo nunca fui a ninguna, mas aprendí a defenderme más o menos bien con el teclado. En cierto modo sentía cierta envidia de aquellos amigos que sí iban y que aprendían a escribir a velocidades de vértigo al tempo del metrónomo. Siempre me pareció que más que aprender a escribir “a máquina” estuvieren tocando un instrumento musical.

Hace años que no escribo con la vieja Olivetti azul. La última vez que introduje un folio en blanco entre los rodillos fue para redactar un trabajo de filosofía en el instituto. Meses después el ordenador entró definitivamente en mi vida y la cambió para siempre.

En la memoria, indeleble, quedarán los recuerdos de aquellos días en los que fuimos felices.

3 comentarios:

tgazajug dijo...

Es cierto, ¡qué nostalgia! Hasta 1999 utilicé mi máquina de escribir eléctrica y aún la veo cada día en mi armario. Es una joya de la que me resisto a desprenderme. Enhorabuena y gracias por tu post. Desconocía esta noticia y me ha gustado enterarme.

Anónimo dijo...

joe como me ha gustado la unión de la orquesta y la máquina de escribir, ¿sabes que te digo? que me da mucha pena de verdad, que se pierdan cosas tan virginales como la máquina de escribir y la abramos paso a las nuevas tecnologías con la actitud de ser más progres o más cool. Lo irracional es que somos igual de estúpidos o ahora me atrevería a decir que incluso más, la ignorancia es un don que nos mandó dios para que nos intoxicara el alma. Recuerdo la máquina de escribir de mi madre, me ponía delante de ella y me imaginaba que era una gran periodista o una escritora de éxito. Ahora sin embargo me pongo en mi ordenador acer de 400 euros y no me imagino nada, sólo me dejo llevar por la porquería que hay en internet. Sí que es verdad que tenemos acceso a una gran cantidad de información, pero sigo diciéndo que no termino de aprender a utilizarla.

iRe - Aplicaciones Android dijo...

Qué recuerdos, cómo me divertía y entretenía escribiendo historietas de pequeña en la máquina de escribir de mi padre :)