25 de agosto de 2011

Las cosas por su nombre

Tomemos la sartén por el mango. Digamos las verdades altas y claras: la decisión del ayuntamiento de Salt de prohibir la construcción de mezquitas es claramente anticonstitucional y racista. Son dos conceptos totalmente opuestos a la idea de democracia y tolerancia que rige nuestra carta magna y que atentan directamente contra el artículo 14 de nuestra constitución.

Es realmente sorprendente que se consiga aprobar en pleno municipal una decisión de este tipo. Resulta increíble que en los tiempos que corren, iniciando ya la segunda década del siglo XXI, mentes obstruidas asocien todavía el islam a reconquista. Me causa estupor pensar que todavía haya gente que prohíba la libertad de culto a otros ciudadanos españoles, nacidos en España, que pagan sus impuestos y que tienen tanto derecho como ellos a profesar una fe y a tener un lugar donde reunirse y proclamarla.

Si una comunidad evangélica no puede edificar un templo para el culto; si ciudadanos musulmanes no pueden levantar una mezquita, una o las que sean necesarias, para honrar a Alá; si a una persona se le niega un derecho tan básico ¿qué más cosas podremos esperar de un ayuntamiento como este?

El 43% de la población de Salt es inmigrante, es decir, casi 12.000 habitantes. ¿De verdad que un concejal o un alcalde puede pasar por encima del derecho a la libertad religiosa de tanta cantidad de ciudadanos, de tal cantidad de personas?

Si es así, entonces, que paren el planeta que yo me bajo, porque quiere decir que a pesar de todas las lecciones que nos ha dado la historia, no hemos aprendido nada.