6 de diciembre de 2011

El menos cumún de los sentidos

El 11 de mayo de 2011 dos terremotos de 4,5 y 5,1 grados en la escala Richter, con epicentro superficial situado a dos kilómetros de la ciudad murciana de Lorca (España), sembraron el caos y la destrucción en esta villa milenaria.

Los daños fueron cuantiosos: 9 personas murieron a causa de los desprendimientos de cornisas y derrumbes, miles de personas perdieron sus casas, sus recuerdos; vieron en pocos segundos como su futuro se hundía ante sus ojos; años de esfuerzo y ahorro, penas y alegrías, el núcleo sobre el cual iniciaron una nueva vida cayó para hacerse añicos cual vaso de cristal al estrellarse contra el suelo.

A fecha de hoy, Lorca todavía no ha conseguido alojar en nuevas viviendas a la totalidad de las víctimas que perdieron sus hogares y que no tienen alternativa; las que ya lo han conseguido lo han hecho en casas prefabricadas.

La reconstrucción ha comenzado, todavía se derrumban controladamente algunos bloques o casas que en un principio fueron evaluadas como no dañadas gravemente. La actividad comercial se ha trasladado a la calle; los bajos comerciales no se pueden utilizar en muchos casos hasta que las reformas no terminen y hagan segura su habitabilidad. Del desastre, incluso, se "saca punta" y el Ayuntamiento organiza rutas turísticas para enseñar a visitantes y curiosos cómo los seísmos afectaron a la ciudad, rica en patrimonio histórico.

Pero lo que más me duele ahora, después de las campañas de solidaridad, del vuelco nacional y regional para con estos compatriotas, de la puesta en marcha de campañas que atienden a la evolución del año y sus acontecimientos (como puede ser ahora la campaña de navidad para la recogida de juguetes para niños); después de todo el compromiso social mostrado, lo que más duele o indigna es descubrir en los periódicos la falta de escrúpulos de los bancos:

La Verdad
Murcia, 06/12/2012

Las ayudas a las víctimas que desde el gobierno central y el regional se están gestionando, ahora resulta que en vez de ser empleadas para ayudar a la reconstrucción o reparación de las viviendas de estos ciudadanos, los bancos las están empleando en la reparación de las grietas de su capital, diciendo a los destinatarios de estas ayudas que el dinero recibido se lo van a cobrar para saldar aquello que adeudan de sus respectivas hipotecas. Pobres bancos, ellos también sufren. De qué les sirven un montón de escombros si no lo pueden vender.

Si bien, el alcalde de la ciudad está haciendo de intermediario entre los intereses de las familias y los de los bancos y según declara al diario murciano La Verdad, ya se ha llegado a acuerdos y al planteamiento de soluciones para cada caso con altos cargos de las entidades bancarias.

Y es que existe una moral general y luego la moral de las entidades financieras, quienes se rigen por el único principio válido (tan oscuro y negativo que llevaría a la autodestrucción del ser humano como especie): el yo. 

Por suerte, siempre surge alguien con sentido común, aunque éste suele ser el menos común de los sentidos.

Detalle de los daños ocasionados por los terremotos a un edificio en la entrada a su garaje.
Fotografía: Pablo Alcolea


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